Hay una cosa que me dicen casi cada vez que conozco a alguien por primera vez, y casi siempre con la misma cara un poco avergonzada: «pero yo soy pequeño, no sé si te interesa».
Me interesa. De hecho es el trabajo que más me gusta, y me gustaría explicar por qué, porque no es amabilidad de fachada: es una preferencia con razones prácticas detrás.
Con un negocio pequeño hablas con quien decide
Cuando trabajas para una organización grande, pasas los dos primeros meses averiguando quién tiene la última palabra. Haces una propuesta, alguien se la lleva a otra persona, vuelve cambiada por alguien a quien no has visto nunca. El tiempo que eso lleva no es tiempo de trabajo: es tiempo de espera, y lo paga el cliente.
En una tienda, en una consulta, en una empresa de seis personas, quien decide es la persona que tienes delante. Dices algo, te contesta sí o no, y al día siguiente está hecho. Con el mismo presupuesto, un negocio pequeño consigue mucho más de lo que esperaba, simplemente porque nadie quema horas en reuniones.
El proyecto adecuado a menudo es más pequeño de lo que imaginas
Pasa a menudo que alguien llega con una idea enorme, porque ha visto la web de un competidor diez veces más grande, o porque alguien le ha dicho que «hace falta la app». Luego miramos cómo trabaja de verdad, y resulta que lo que necesita es una web de cinco páginas que conteste al teléfono por él, con la información que la gente siempre pregunta y una forma sencilla de ponerse en contacto.
Ese es el proyecto adecuado. Cuesta la cuarta parte, se hace en tres semanas en lugar de cinco meses, y trae más clientes que la idea enorme, porque existe. Lo primero que hago no es un presupuesto: es ver si lo que me pides es lo que de verdad necesitas, y si es sostenible para tu negocio. Si creo que vas a gastar mal tu dinero te lo digo, también cuando me conviene callarme.
Nunca se ha ofendido nadie. Lo que sí pasa a menudo es que acordamos hacer la mitad ahora y el resto en seis meses, cuando la primera parte ha empezado a dar.
Ser de la zona no es un detalle romántico
Mi base está en Abruzzo, en la costa adriática del centro de Italia. Por esta costa y por los pueblos del interior llego en media hora o poco más, y más lejos cuando nos ponemos de acuerdo en un día.
No lo digo para llenar la página de nombres. Lo digo porque cambia la forma en que va el trabajo:
- La primera reunión es en persona, no una videollamada en la que no se acaba de ver bien a quién tienes delante. Para mí es el momento en el que se decide si un trabajo se hace o no, y no porque yo sea bueno vendiendo, sino porque así nos entendemos antes.
- Cuando algo se rompe, puedo ir. Pasa pocas veces, pero pasa, y saber que hay una persona a veinte minutos en lugar de un formulario de soporte es una diferencia que se nota.
- Veo el sitio. Si tengo que hacer la web de un restaurante a la orilla del mar, me viene bien haber estado. Si es una empresa del interior, me viene bien saber cómo es la carretera para llegar, porque eso acaba en las indicaciones de la web.
También trabajo en remoto, por toda Italia y en el extranjero, y funciona muy bien: buena parte de los proyectos más grandes que he hecho nació de una videollamada. Pero cuando puedo elegir, elijo estar allí.
Pequeño no quiere decir hecho con poco cuidado
Esta es la parte que más me importa. La web de cinco páginas de un taller la hago con el mismo planteamiento con el que hago una plataforma para diecinueve restaurantes: páginas que cargan rápido, textos escritos para que Google entienda de qué hablas, un formulario que funciona también en el móvil, y las cosas explicadas de forma que puedas actualizarlas tú sin llamarme.
Esa última parte es la que casi nadie promete. Una web que me necesita cada vez que cambia un horario es una web mal hecha. Media hora juntos delante del ordenador al entregarla, y de ahí en adelante el horario lo cambias tú.
Cómo empezaríamos
Se empieza con una conversación, que no cuesta nada y no compromete a nada. Me cuentas qué haces y qué te falta, yo te digo si hay algo que merezca la pena hacer, cuánto puede costar y cuánto tiempo hace falta. Si la respuesta es «por ahora no necesitas nada», te la digo igual.
El pago, si seguimos adelante, es en tres fases: una al aceptar el presupuesto, una a mitad del trabajo, una al publicar. Así ninguno de los dos queda al descubierto, y tú ves crecer el trabajo antes de haberlo pagado todo.
Si tienes un negocio y has leído hasta aquí, escríbeme. En el peor de los casos te ahorro un gasto inútil.

